lunes, 10 de enero de 2011

Hay muchos momentos en la vida en que necesitamos escribir, contar lo que sentimos, desahogarnos, sacar fuera miles de historias que queremos ver en un papel para creernos que son ciertas. Y piensas: "Si están ahí, escritas, existen." Y te ayudan a identificarte.
Otras veces, no sólo necesitas saber cuántas cosas sientes, sino que esperas que alguien sienta igual que tú, por eso de dejar de ser exclusivo, cosa que descartas bien pasados los 30.
Pues bien, ese corto paso que hay entre una necesidad y otra, yo aún no lo había dado. La timidez, el qué dirán, el pensar "¿a quién  va a interesarle esto?", tú sabes... Da pereza que te conozcan. Es como desnudarse de buenas a primeras.
Pero claro, todo cambia si el medio en el que he decidido quedarme en cueros, es nudista. Aquí la cosa se ve de otra manera: "este es mi espacio y sólo entrará quien tenga cierto interés y probablemente, comparta esta aficción de chismorrear sobre su propia vida", que por cierto, me parece un deporte muy sano.
Y en esa estamos...

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