lunes, 7 de abril de 2014

Sin querer...

Sin querer...
Sin pensarlo siquiera, te escribí tan bello que temblaba el alba.
Cerraba los ojos como quien descansa la vida agotada y volaba hacia tí; hacia un paseo de inciertos sinsabores que me envenenaban el alma a cada suspiro que daba.

Sin querer, sin saberlo siquiera me inspiré en el comienzo de tus días, de tus noches, del olor de tus silencios, del sonar de tus miradas.

Sin querer, sin quererlo siquiera, se me fue lo cierto, me enfermé de sueños y se me hizo eterno... Eterno el cielo.
Sin querer amor, sin quererlo...

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