lunes, 5 de mayo de 2014

Es que era mío...

Tenía un corazón loco,
de esos de "me revienta
el alma si no cambio
lo que toco"...
Ni un instante era contiguo,
¡Dios! Cuánta vida llevaba
renegada entre lo ambiguo.
Cuántos intentos de cordura
rebelada,
de ideas uniformes
con reglas desregladas...
Era un loco apasionado
de lo mucho y de lo poco,
del silencio y la hermosura,
de la luz y la negrura.
Era un cielo despeinado,
era un mar lleno de espuma...

Era estío, hacía calor;
pero él yacía frío.
¡Qué dolor de corazón!
Lo maté, porque era mío...

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