lunes, 12 de mayo de 2014

Donde acaba el mar estás.

Una mañana me fui de mi,
de mi tristeza infinita,
de mi locura dormida
y de tantas, tantas historias
que arruinaron la esencia
que a gala llevé.
Sin miedo a perderme y,
ni siquiera, con miedo
a tener que volver,
me embarqué en un mar de dudas,
de ganas, de vida,
de aire que rozara mi piel...
Con el cuerpo roto de soledad,
inquieto de tanta espera
y enfermo de no saber qué hacer,
desplegué las alas,
descalcé mis pies y me marché...
Y no digo que fue fácil;
y no digo que sea eterno,
y no digo si fue.

Pero algo había en el lugar
aquel donde llegué,
donde acaba el mar:
las fuerzas que perdí,
la esencia que olvidé,
las ganas de volar.
Me esperabas tú
y me dejé llevar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario