lunes, 27 de octubre de 2014

Te voy a enredar un cuento...

Érase un cierto lugar incierto donde el cielo gastaba un celeste desvaído, cobrizo acabando el día, oscuro al entrar la noche...

No sé qué sabría de intentos y misterios, de miedos y sonrisas; no sé qué trataba a intervalos de tiempo, de espacios muertos, de campos de olvido.
Era un lugar perdido, a ratos de vida, a veces prendido de la magia escondida de algún silencio en grito.

Despertó en mí la sentencia de un juicio rendido a la memoria de un amor ya dormido por falta de atentas miradas al alma del otro, al cuerpo prendido de un montón de momentos enredados en la historia.

Y entre restos de calma y deshechos de nada, aprendí que es el cuerpo quien toma la fuerza del recuerdo en reposo y es el tiempo quien quema la espera de encontrarse perdido en algún lugar tenebroso.
Es el tiempo quien vuelve a la vida a un amor olvidado en el pozo oscuro de quien todo lo olvida.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Un traje de rimas

Algo llevo puesto
que me hace invisible;
a la teoría, al quehacer diario,
a la costumbre...

Algo llevo puesto
que desprende oxígeno quemado,
que me impide respirar,
que me interfiere el sentido común;
que me iguala lo posible
y lo imposible.

Ese algo,
que me intoxica la sangre.
Eso, que me invita a la muerte
y me enciende la vida,
que me saca del alma
historias que ni yo conocía.

Eso, que yo llamo locura
y otros... otros llaman poesía.
Eso no tiene cura,
tiene pena.
Entre rejas la mia...

miércoles, 8 de octubre de 2014

El rosa es un color.

Te he dicho que te quiero, ¿no?
Igual sólo lo soñé.
A saber...
Igual sólo eres un sueño
o igual sólo sueño que te quiero.
¿Pero existes?
Eso sí, ¿verdad?
Y yo, ¿existo yo?
¿Me has visto alguna vez?
A veces pienso si no me
inventaste para que te quisiera.
¿O fui yo?
¿Sería yo la que necesitaba que existieras?

Me ves. Lo sé.
Me ves porque soy rosa.
Porque tengo el color de las flores rosas.
Y a ti te gustan las flores.
A mi, sin embargo,
lo que me gusta eres tú;
porque te gustan las flores.
Rosas como yo.

Pero no sé si me escuchas.
Te grito a veces y no contestas
y entonces me preocupa.
Las flores no se oyen.
Pero yo sólo soy rosa.
Es un color, ¿lo entiendes?
No tengo espinas.
No que pinchen; clavadas sí.
Como tú.
Pero las tuyas no son mías,
ni las mías son tuyas,
porque las Tuyas nuestras son otras plantas
que no tienen espinas.

No sé yo si tú me entiendes.
¿Que si me preocupa?
A mi no.
Porque me quieres.
Lo sé porque lo has dicho.
Y no te escucho siempre,
aunque sólo sea rosa,
pero siento lo que piensas
porque siento el dolor de tus espinas
en mis dedos.
Y no eres rosa,
pero te quiero.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Es después que la vida pasa...

Nadie sabría decir de qué color son las ganas;
cómo se escriben los deseos,
cómo se aprecian las distancias
que nos empuja a cada lado de la cama.
Nadie entendería lo que yo describo sin palabras
desde el fondo de este espacio inerte que se llama olvido.
Nadie querría sentir esto que se escapa de los dedos
como si fueran sueños al llegar el alba,
como si fueran momentos que ni siquiera he vivido.
Nadie...

Nos enciende el silencio de lo bello,
de ese inexplicable olor a incienso que se cuela en el recuerdo,
en el deseo de tener lo que tuvimos
ahora que es pasado,
ahora que saboreamos el bruñido de su estampa
cuajada de emociones, cargada de anhelos y añoranza...
Todo pasa y es entonces cuando sentimos el olor de la vida,
de la agonía, del placer y el sufrimiento del amor,
del desgaste del alma torcida,
a ratos cansada, a ratos vencida, a ratos inflamada de ira.

Qué es si no el paso del tiempo
que sentir el cuerpo lleno de pasiones
resistidas a no seguir muriendo,
dispuestas a insistir,
a perdurar en lo más hondo del sueño.
De qué sirve si no la vida,
si no es viviendo...