miércoles, 8 de octubre de 2014

El rosa es un color.

Te he dicho que te quiero, ¿no?
Igual sólo lo soñé.
A saber...
Igual sólo eres un sueño
o igual sólo sueño que te quiero.
¿Pero existes?
Eso sí, ¿verdad?
Y yo, ¿existo yo?
¿Me has visto alguna vez?
A veces pienso si no me
inventaste para que te quisiera.
¿O fui yo?
¿Sería yo la que necesitaba que existieras?

Me ves. Lo sé.
Me ves porque soy rosa.
Porque tengo el color de las flores rosas.
Y a ti te gustan las flores.
A mi, sin embargo,
lo que me gusta eres tú;
porque te gustan las flores.
Rosas como yo.

Pero no sé si me escuchas.
Te grito a veces y no contestas
y entonces me preocupa.
Las flores no se oyen.
Pero yo sólo soy rosa.
Es un color, ¿lo entiendes?
No tengo espinas.
No que pinchen; clavadas sí.
Como tú.
Pero las tuyas no son mías,
ni las mías son tuyas,
porque las Tuyas nuestras son otras plantas
que no tienen espinas.

No sé yo si tú me entiendes.
¿Que si me preocupa?
A mi no.
Porque me quieres.
Lo sé porque lo has dicho.
Y no te escucho siempre,
aunque sólo sea rosa,
pero siento lo que piensas
porque siento el dolor de tus espinas
en mis dedos.
Y no eres rosa,
pero te quiero.

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