martes, 30 de junio de 2015

Infiel

Mirarte a los ojos y entender a qué saben tus mañanas...

Me gusta lo desconocido de cada sonrisa que no me dedicas
y es que tanto te divierte saber sólo tú como que yo no sepa.
En ese misterio que tu creas, que tú crees dejarme ausente,
yo me pinto los labios de deseo, de sabores exóticos e irreverentes.
Qué pena que entonces decidas irte; a volar, dices...
Porque yo, vestida de engaño, envuelta en olores a traición consentida,
me entrego a otros brazos donde alcanzar el cielo.

Amanecer de nuevo y mirarte a los ojos
es dejarte sólo en tu misterio,
entender a qué saben tus mañanas
y el por qué de tus olores ácidos.
Y tenerte pena por esa soledad que abrazan tus alas...

lunes, 29 de junio de 2015

A estas horas...


¡Cuánto te extraño! Ahora que la indiferencia se aprovecha de mi...
 Sola, tan de nadie como las tardes vacías, como el agua que derrama el cauce al pasar.
 Si al menos pudieras templarme el aire, si pudieras al menos acunarme la pena de no verte más.
 Yo sé que en este hueco que hoy me dejas se duerme el hilo de una historia que no tiene final, porque no acaba el día sin que terminen sus horas...

domingo, 28 de junio de 2015

De sal a sal...

Aquí sentada, en esta ausencia mía y de mi, no puedo más que contarme cuántas historias llevo escritas en el alma. Y es que apenas un movimiento del aire que ahora pasa, me abre las escuelas del corazón.
A veces, mirar el mar cuando caen las luces me basta para sentir a mi niña solitaria, entregada a un sueño de cristal donde él y yo nos escuchamos y entendemos como nadie en el mundo: de sal a sal. Como él y yo nos comunicamos, nos contamos la vida. De frente, con la furia hecha olas, con las penas hecha sal. Como él y yo entendemos el mundo. Con los brazos abiertos a la muerte, el peligro en nuestras propias manos y con el alma transparente. Con nuestras aguas frías, heladas en la noche oscura y templadas donde el sol nos acaricia.
Él y yo nos entendemos con apenas mirarnos y sabemos que el viento nos cambia el semblante. Y tenemos la inmensidad y nos hacemos gota; y no hay días iguales en nuestra estancia, quieta que parece, llena de corrientes que a veces sólo a nosotros nos arrastra.
En esta ausencia mía, casi de mi, las mareas de mi mar escriben su nombre en mis orillas...

jueves, 18 de junio de 2015

Cuando llega...

Te encarcela el alma...
Como si antes de él te agotara la vida en libertad,
como si hacerte suyo fuera una opción
que apenas el cuerpo duda.
Cuando llega el amor, siempre quiere más;
cuando llega el amor el resto,
queda a la distancia prudente de no existir...

sábado, 13 de junio de 2015

Sí, sin alma...

¡Escribir un nombre y darle vida!
Yo no sabía que un cuerpo sin alma
llevara el cielo entre los dedos.
No hubiera imaginado nunca
que en un renglón de besos
estuviera escrito el final de mis desvelos.
Y en un espacio que aún no es mío,
el futuro incierto de mis desvaríos
se disfraza de madura ingeniería
y con cierta maestría, me resuelve
un mundo entero y me llama poesía
mientras yo, simplemente lo quiero...
Esa almohada que tú y yo compartimos,
que llenamos de quejas cada noche,
que hundimos con nuestros pesares
y que aguanta el llanto de lo difícil de la vida,
es la misma que sabe de cuántos sueños
hicimos cada tramo de nuestra historia.
Y será la misma que nos vea dormirnos para siempre...

No es mentira la vida...

No, no hay mentira en el fuego, ni locura sin magia; por lo mismo que no queda cordura cuando te quema el alma. La vida es una llama que o mantienes encendida o ella misma te apaga...

jueves, 4 de junio de 2015

A dos islas del mar...

Dicen que a mar abierto, el viento nos trae el misterio de otras vidas y que en la noche, según brille la Luna se hace visible o no, el traje de nuestra historia.






Querido desconocido:
Me dijeron que ayer usted me estuvo siguiendo; que dejó su dirección por si a mi espalda había sentido el roce de su aliento y hoy, quería mirarle a los ojos.
Y puedo decirle que en la inocencia de mis pasos, su silencio presentó un camino que hoy llena de ilusiones mi reguero de días vanos.
No sé si es que pude sentirle o si acaso presentí su estancia cercana y pretenciosa; no sé si seguirá detrás de estas letras cuando lleguen a su destino, ni si tendrán respuesta. Pero escuche con sus dedos estas ultimas palabras que le dedico: tengo la vida llena de escombros adictos a la pena. No pise mi camino si sus pies no andan descalzos...




Atentamente, esta que le escribe.