domingo, 28 de junio de 2015

De sal a sal...

Aquí sentada, en esta ausencia mía y de mi, no puedo más que contarme cuántas historias llevo escritas en el alma. Y es que apenas un movimiento del aire que ahora pasa, me abre las escuelas del corazón.
A veces, mirar el mar cuando caen las luces me basta para sentir a mi niña solitaria, entregada a un sueño de cristal donde él y yo nos escuchamos y entendemos como nadie en el mundo: de sal a sal. Como él y yo nos comunicamos, nos contamos la vida. De frente, con la furia hecha olas, con las penas hecha sal. Como él y yo entendemos el mundo. Con los brazos abiertos a la muerte, el peligro en nuestras propias manos y con el alma transparente. Con nuestras aguas frías, heladas en la noche oscura y templadas donde el sol nos acaricia.
Él y yo nos entendemos con apenas mirarnos y sabemos que el viento nos cambia el semblante. Y tenemos la inmensidad y nos hacemos gota; y no hay días iguales en nuestra estancia, quieta que parece, llena de corrientes que a veces sólo a nosotros nos arrastra.
En esta ausencia mía, casi de mi, las mareas de mi mar escriben su nombre en mis orillas...

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