martes, 30 de junio de 2015

Infiel

Mirarte a los ojos y entender a qué saben tus mañanas...

Me gusta lo desconocido de cada sonrisa que no me dedicas
y es que tanto te divierte saber sólo tú como que yo no sepa.
En ese misterio que tu creas, que tú crees dejarme ausente,
yo me pinto los labios de deseo, de sabores exóticos e irreverentes.
Qué pena que entonces decidas irte; a volar, dices...
Porque yo, vestida de engaño, envuelta en olores a traición consentida,
me entrego a otros brazos donde alcanzar el cielo.

Amanecer de nuevo y mirarte a los ojos
es dejarte sólo en tu misterio,
entender a qué saben tus mañanas
y el por qué de tus olores ácidos.
Y tenerte pena por esa soledad que abrazan tus alas...

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