sábado, 13 de junio de 2015

Sí, sin alma...

¡Escribir un nombre y darle vida!
Yo no sabía que un cuerpo sin alma
llevara el cielo entre los dedos.
No hubiera imaginado nunca
que en un renglón de besos
estuviera escrito el final de mis desvelos.
Y en un espacio que aún no es mío,
el futuro incierto de mis desvaríos
se disfraza de madura ingeniería
y con cierta maestría, me resuelve
un mundo entero y me llama poesía
mientras yo, simplemente lo quiero...

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