jueves, 27 de agosto de 2015

DIARIO DE UN AMOR.

Traía el semblante serio.
- ¿No tienes hambre?- sus ojos me clavaron la pena de por vida...
- Estoy cansado.
Y de sus dedos abiertos colgaba la explicación de un dolor tan intenso como el azul de su distancia.
Fijé mi atención en su silencio inmediato y profundo, donde su cabeza inclinada dejaba caer un reguero de llantos contenidos. Y abracé sus miedos; como si a mi lado estuviera segura su vida.
Y sentí su cuerpo frío, acomodado a mis brazos, al calor de otra vida cansada de helar las ganas del corazón.
No hubo un por qué, ni una razón.
Hubo un instante inmenso, de dos seres humanos que quemaron el último aliento hablando de amor...
Sólo un instante, pero solos tú y yo.

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