domingo, 27 de septiembre de 2015


Me dijeron que la vida
 y la muerte van de la mano.
 ¿De qué mano, Señor?
 ¿Y a dónde van?
 Porque yo entrelazo mis dedos
 con quien no quiere perderme;
 porque yo agarro la mano
 de quien me invita a sentirle
 pero la vida, Señor,
 es un látigo despiadado
 que se enfrenta a su suerte
 y la muerte, Señor,
 el descanso de aquel
 que ya ausente, se fue de la mano
 de quien quiso tenerle.
 ¡El amor es quien queda
 de dos manos calientes!

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