domingo, 25 de octubre de 2015

Alguna vez me ha dado la impresión de que echas de menos sentir lo sencillo, lo inusual en la trivialidad de la vida. ¡Déjate de renombres!Eres un hombre, sólo eso; un hombre solo. ¡Permítetelo, por dios! No eres lo que representas, eres mucho más. Un hombre... ¡Siéntete! Y deja que te sienta yo. Saca eso de ti que nadie escucha y que a mi me importa. Es más, es que no me importa otra cosa de ti que no sea eso que nadie escucha.
Te quiero conmigo, roto y feliz de romperte. ¡Y si tengo que ir a morderte los labios, lo haré! ¡Sabes que soy capaz!
Quiero que vueles a mi lado, quiero que escapes cada vez que me huelas y quiero que olerme a cada instante que necesites sea salirte de ti; que no quieras más que olerme.
Seré ese lugar donde nadie te ve, tu escondite, tu abrazo amargo o dulce, ese calor que desprenden las ramas quemadas,
como tú y como yo. Ardidas hace demasiado...
Porque eso somos, deseo y vida. No importa que nunca me alcances ni yo a ti, pero debemos volarnos juntos hasta perder la cabeza.
Y porque no es vida la vida corriente -no es suficiente, créeme- abrazame siempre que no quieras. Y cuando quieras, también. Yo seré lo que no sabes que te pasa; estaré en ese lugar que no existe para ti. Sólo porque los dos somos más de lo que sabemos y menos de lo que quisiéramos ser. Apenas nada, pero queremos sentir y para eso, sólo hay que existir...

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