jueves, 8 de octubre de 2015

Su voz...

Guardaré el eco de su voz
 donde más clavado quede en mi, allí
 donde un nudo de recuerdos
 no deje pasar ni el aire, aquí
 donde duelen las distancias obligadas
 donde el alma insiste
 donde todo acaba cada vez
 que se llena el silencio de canas;
 aquí dentro, señor,
 donde la vida sin su voz
 se me escapa...
 ¡Maldito eco callado!
 Maldita voz apagada...
 Morirá la Luna cediendo su brillo
 a este mar de lágrimas
 cada mañana...

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