lunes, 30 de noviembre de 2015




Mis letras fueron lamentos hasta que el tiempo las hizo suspiros...
Me apuñaló la vida a traición pero yo, que siempre sigo, me arrastré buscando un color que distrajera mi mirada mientras el cuerpo solo veía la muerte.
Tan efímero, tan intenso...
Ni siquiera sé cómo llamar a eso que pasó. Fue veloz, como un remolino de viento que eleva todo a los aires, en desorden. Como una locura en tiempos de espera.
Después, hizo justicia la razón y repartió por donde pudo los escombros. Al menos quedaron en pie las estancias para guardar tantas cenizas.
En gris pasaron muchos días mis recuerdos; en blanco mis noches y en rojo mis manos intentando calmar mis costados -el cuerpo duele cuando el alma llora-.
Y así quedaron en tabla mi pena y su juego.


Sólo digo que el tiempo cura, que la paciencia es grata para las heridas y que no hay fuerza más fuerte que mi amor a la vida.
Y que el juego, acaba cuando termina la última partida...

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