jueves, 10 de diciembre de 2015

La mujer, sigue viva.

Era un reguero de lágrimas bien repartidas; acompasados los suspiros...
Con cuánta clemencia amaba a la vida a pesar de tener clavados todos sus silencios: cada una de las injusticias que reparte quien no es humano.

    - Madre ¿cómo tiene hoy sus heridas?
    - Se curaron, mi niña,  se curaron...- Esa fue su despedida.

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