martes, 16 de febrero de 2016

Cómo ibas a saber que naciste para mi, que echaste raíces sólo para mantenerte erguida, que respiraste para hacerte bella. Cómo ibas a imaginar que en tu vestido de terciopelo unas manos vinieran a acariciarme el alma; que tus espinas sólo consiguieran derramar mi corazón y que disimulé entre tus tonos. Cómo ibas a pensar que en tu último viaje fueras tan cargada de vida, que abrazarme a ti  fuera mi único aliento. ¡Qué ibas a saber tú de mi! Quizás no dejaste tu huella en la tierra, ni nacieron de ti otras rosas en primavera, pero guardé tu cuerpo seco entre dos poemas y el recuerdo de tu olor en el libro de mis ganas nuevas...

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