miércoles, 25 de mayo de 2016

Recuerdos.

Cuando yo era una niña -hace apenas mucho-, recuerdo que mis compañeros de clase llevaban bolígrafos con tintas de distintos colores; como mínimo, rojo y azul. Como máximo, hasta negro y verde. Pues bien, monísimos que quedaban los deberes, pero a mi aquello me resultaba imposible de soportar. Yo era de boli Bic Naranja, punta fina de tinta negra. ¡Y no había más!
Y dicen mis hijas cuando se lo cuento: "¿Y cómo corregías, mami?"
Pues intentaba no corregir. Era tal mi cabezonería que siempre llevaba un Box de bolsillo donde consultaba mis dudas ortográficas. Y si se ponía la cosa fea, arrancaba la hoja y empezaba de nuevo.
Quizás fuera una estupidez, pero esa forma de llevar mis cosas, no sólo consiguieron que pronto aprendiera a escribir correctamente sino que, llevado después a otros ámbitos, nunca me importó empezar de nuevo.
Y es que, cuando uno se equivoca, por muy bien visto que esté eso de que errar es de humanos y por muy verdad que sea, mejor que intentar colorearlos es dar marcha atrás y construir una nueva verdad.
(Sigo escribiendo con tinta negra...)

No hay comentarios:

Publicar un comentario