jueves, 28 de julio de 2016

Quizás tus dedos contaron de ti lo que nadie se atrevió a interpretar. Y quizás en blanco y negro, tu diario se hacía ausente ...

Yo no supe de tus penas, ni tuve tiempo de comprender tu vida, ni de contener aquella última lágrima, pero suspiré al compás que marcaban tus manos.

Cuando ya no estabas, tu música me hizo de ti.

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