miércoles, 17 de agosto de 2016

A mi manera...

Señor:

No me pregunte por qué. Sólo sé que debe estar. Y le diré más: estará aunque no  esté.
Y a  mi manera, siempre a mi manera, le tengo en cada amanecer. Y usted, se queda...
Lo hago con mis manos, con mis ganas, con mi espera, señor... a mi antojo... Y usted se deja.
Le gusta acompañarme, ¿verdad? Le gusta quedarse en mis tragedias,  en mis paseos y en mis delirios... Le vuelve loco ser el dueño de todos mis caminos.

Recuerdo su risa, señor, y la mía, y aquel saquito de alfileres que intuía sólo para otros... ¡Cómo duelen!  Se le escurrieron de los dedos, ¿verdad señor? Cómo dolieron...
Quizás no imaginaba que en mi piel serían de acero frío. Me quemaba dentro...

Y me dejó vagar... Olvidó decir que  amarme no sería su destino.
Y dígame ¿cuál era el mío?

Hoy sólo quiero bailar. Por favor, baile conmigo...






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