martes, 23 de agosto de 2016

Ellos: momentos...



Al caer la tarde, mis dedos se pasean por el tejado. Escucho a Chopin, miro al frente y dejo fluir tanto que esconde el día... No importa dónde vayan, ellos se saben libres para decir, para acariciar... Ellos se saben de cristal templado al caer la tarde.
Transparentes pegotes vivos, enganchados a un piano que trae cola... el resultado de la palabra sin filtro, del café sin endulzar; el resultado de haber amado toda la noche sin medida y de haber medido cada instinto durante el día.
¿Qué importa quién amaneció conmigo? En las horas que acompañan mis mañanas se visten mis manos de carencias estudiadas, de maneras permitidas, de morales frecuentadas... Después, se retuerce el alma y se desnuda el cuerpo de intriga... Después, me acompaño las ganas de estar sola con las de estar viva.

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