lunes, 28 de noviembre de 2016

¡Te olvidé!

¡Yo no sé por qué!
Dime tú...
¿Saciaste tu ego?
¿Lo saciabas?

¡Pendencieras charlas!
¿Te divertía?
De naturaleza muerta
tu alma... Tu no alma.

Y yo esperaba,
cansada,
incrédula,
profundamente perdida
en tus bajas aguas.

No sé por qué
creí rendida tu espada.
No sé...
te amaba...

Aprendí a sacarte
secando mis ganas,
podridas, saladas...

Y conseguí olvidarte
cada mañana.

Sí... cada mañana.




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