lunes, 12 de diciembre de 2016

A Sevilla...

Disculpe,
hoy no la miré. Pasé,
sí, pasé sin detener la mirada.
Discúlpeme.
No reparé en ese señorío
que amenaza con robarme el alma
cada mañana,
en los encajes de sus sombras
cruzando el río,
en los perfiles angostos
de estos sumideros
por donde desaparecen mis sentidos:
pura demagogia para absorberme...

No fijé la mirada, lo siento.
Me adueñé de mis ojos
como si tenerle delante me perteneciera.
Ya ve... como si yo existiera en su ausencia...
Como si caminarle tuviera los pasos contados: dibujos de serpientes venenosas
para mi inspiración.

Ya ve,
qué inepta esta mirada de hoy, Sevilla.
Entusiasmada en las orillas de la costumbre, sentir sin verla
desnudó mis caderas
para pasear de lado a lado
la emoción de perderme en esta tierra.

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