lunes, 1 de mayo de 2017

A veces escribo con un nudo en la garganta; no de esos que nos viste de elegancia, sino de esos otros que desean desnudarnos para vernos de carne y hueso. Para vernos por igual.
Pero no, hay tallas de un sublime que sólo un cuerpo puede vestirla. Hay carnes tan duras que ni la sangre pasa... Y hay esqueletos que sólo aguantan su propio peso.
Es triste deshacerme en ese nudo. Pero sería más triste no darme cuenta del traje que llevo puesto.

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