domingo, 18 de junio de 2017

TENDRÁS QUE DEJARME

Tendrás que pasarme de largo...
Hoy también.
Como yo hice.
Como yo te hice:
escribirte para no perderte de vista,
para no culpar a las esquinas
de quedarme ciega.
Tendrás que mirarte en los cristales
y verte solo ante tus ojos,
como yo me vi en cada pena
que derramaba cara abajo.
Sola.
Tendrás que tenerme
en el vacío de tus manos rotas.
Como yo te tuve.
Como yo te tengo.
Y abrazarte a mi letargo.
Y vestirte de mendigo.
Y enredarte en este ovillo
de tristezas callejeras.
Como yo me enredo:
un nudo cada vez que te respiro,
un nudo por recuerdo consentido,
un nudo al final de cada pregunta,
de toda respuesta;
una vida atada a destajo
sin ser complemento ni tener alguno.
Tendrás que vivir sin mi,
y guardar silencio,
y temblar de miedo...
Tendrás que dejarme ir.
Como yo me hice: vivir sin mi
por morir contigo.



miércoles, 7 de junio de 2017

Hoy tuve que mirarme dos veces antes de verme...
Y es que hay ausencias que se instalan en los ojos, pestañas del recuerdo, que se quedan en la boca, ácido vacío, y que se clavan en el alma, racimos salados que enjugar...
Pero estaba en mi propia ausencia, pendiente de mi, perpleja y expectante.
Desaparecerme a ratos y encontrarme viva: un capricho consentido...

viernes, 2 de junio de 2017

Pero qué fácil es poner subtítulos cuando no te enteras de la película...

No sé por qué la mente humana se estrecha en cuanto mira hacia fuera. ¡Es que no lo entiendo!
Qué comprensiva con uno mismo: ni filtro, ni colador, ni máscara... con buscarle hueco a la conciencia se queda tan ancha como la manga con la que se viste.
Pero es ponerse la toga y dictar sentencia como si nunca hubiera estado en el banquillo...
Y digo yo: ¿en algún artículo de la constitución se cuestiona la libertad de enjuiciamiento? Porque no sé si tiene pena, pero debería ser tan larga como la que provoca...
Dicen que cuando haces de tu vida una película y esta secuencia de imágenes aparecen una y otra vez por tu mente, es que te anda rondando la muerte.
Yo incluso diría que algo de ti ya murió.
Es evidente que no sólo se quiebra la vida cuando se rompe el cuerpo; a veces cometemos el error de ser implacables con nuestros deseos, hasta arruinarnos la vida. ¡Hasta morir a destajo!
Y no tenemos en cuenta que hay un blanco detrás de cada tiro. El fallo está en predeterminar el resultado de la jugada.
Qué daño no hizo la ficción...